lunes, 19 de marzo de 2012

EL PIANO DE COLA



Bruc y yo solemos hacer el mismo recorrido todas las mañanas. Buscamos el sol en un paseo rápido por las plazas cercanas a mi calle. Empezamos por la del Diamant. Allí juegan tres bulliciosos bull dogs, ajenos a la gente que va y viene, como niños pequeños. Parecen hermanos. Bruc ni siquiera los mira, tan concentrado está por marcar territorio en todos los árboles, ruedas de coches y esquinas que vamos encontrando en nuestro paseo. Me armo de paciencia, mientras él tira de la correa y yo aflojo. A veces soy yo la que tira y él afloja. Como una pareja más.

Hoy, en el centro de la plaza de la Virreina, había un piano de cola. Una enorme grúa lo acababa de instalar, o al menos así lo he creído. Nadie lo tocaba y nos hemos cansado de esperar.

Después de comer hemos vuelto. Ya ni me acordaba del piano, simplemente errábamos sin rumbo para matar el tiempo. Una joven se había sentado frente al piano, concentrada en su labor de hacer volar la música entre los árboles para quien quisiera oírla. Me he sentado junto a una mujer que dibujaba un edificio. Después de la pianista un hombre interesante ha ocupado su lugar. Antes de deslizar sus dedos sobre las teclas del piano había dejado un libreto con partituras de música de Tom Waits. Por eso me ha parecido interesante. Mientras el pianista tocaba en mi imaginación aquella canción ideal para pedir perdón cuando se ha cometido una ofensa, la grúa ha encencido su motor para subir una nevera en lo más alto del edificio que unos momentos antes dibujaba la señora que había a mi lado. El ruido de la grúa ha apagado a todos los demás. Los de la gente que charlaba en las terrazas, los ladridos de los perros, los móviles que nunca callan…En mi cabeza había silencio. Mis pensamientos estaban en otro sitio. Me he levantado y he tirado de Bruc.

De regreso a casa, me he cruzado con una chica que bajaba una cuesta en bicicleta. Era mi hija. Cuando me ha visto me ha saludado con la mano mientras yo le mandaba un beso.

Una vez más tendremos que ir a París…

domingo, 11 de marzo de 2012

EL DÍA QUE NACÍ YO



El día que nací yo, ¿qué planeta reinaría? De momento tengo el sol a mi favor y las estrellas relucen para mí, aunque la luna se esconde cuando me ve. Ya caerá.

Mañana me levantaré temprano. Me compraré un jersey a rayas para celebrar la primavera y unas violetas para que alegren la casa. Antes habré quemado un trozo de madera de palosanto que me dio mi hermana Sumpta. Rituales tontos.

Mañana el primer sol será para mí. Celebraré que ya tengo otra primavera más. Mañana no coseré, vagaré por la ciudad que de momento me acoge. Quién sabe dónde estaré la próxima primavera. No importa. Ahora estoy aquí.

Soy FELIZ.

jueves, 8 de marzo de 2012

LA PRINCESITA

              Imagen tierna de princesa Imágenes tiernas de princesas
La niña rubia es el prototipo de princesita, aunque no me agrade este apelativo para las niñas. Las hace débiles y tontas, y las mujeres no somos así. Al menos algunas...¿Pero qué pasa si una nace rubia y guapa como la niña rubia? pues que al final le dije yo lo de princesita. Fue más o menos así: duerme, princesita.
No me gusta que las niñas vayan vestidas de princesa, con lazos ni abalorios en su cuello. No somos árboles de Navidad. Y al final acabé comprándole una chaqueta del color exacto de la pantera rosa. Y unas gafas de sol de Hello Kitty del mismo color para que fuera conjuntada.
Esta misma mañana yo me alisaba el cabello y he hecho lo mismo en el suyo. Me he puesto hidratante en la cara y a ella también. Me he coloreado la cara y a ella también. Me he pintado los labios en el ascensor y a ella le he hecho lo mismo.
Esta tarde veremos La bella durmiente...La niña rubia hubiera podido parecerse a Pocahontas...pero se parece más a Aurora. Pocahontas era yo.
 
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